Érika
García Cardona
https://orcid.org/0009-0004-0614-4280
UTE
University of Technology. Colombia
Luz
Marina Silva Tapia
https://orcid.org/0009-0009-7128-7508
UTE
University of Technology. Colombia
Merielis Esther
Lagarez Martínez
https://orcid.org/0009-0006-8005-4122
UTE University of Technology. Colombia
Pierangeli
Doria Corrales
https://orcid.org/0009-0005-4590-0648
UTE
University of Technology. Colombia
Resumen
El
presente ensayo, tiene como objetivo reflexionar sobre la articulación entre
las competencias socioemocionales de los
estudiantes y los procesos de mediación escolar en un contexto rural. Se debe
tener en cuenta que en esta reflexión se analizarán y desglosarán conceptos como
las habilidades socioemocionales y mediación escolar como estrategia
pedagógica, porque son vitales en el desarrollo de la reflexión investigativa, como se identifican
en la mayoría de investigaciones y de qué manera se han enfocado en la medición
de competencias socioemocionales o en la evaluación de programas
institucionales, reflejando unos
resultados más cuantitativos que cualitativos, dejando en segundo plano el
análisis de la experiencia subjetiva de los estudiantes durante los conflictos,
que es vital en el desarrollo tanto académico como emocional. En este sentido,
se argumenta que las competencias socioemocionales no pueden comprenderse
únicamente como un procedimiento técnico, donde se mide por porcentajes o
casos, en especial en contextos rurales, sino como un proceso con un tinte
cualitativo, que es atravesado por emociones que indiscutiblemente influyen en
la disposición al diálogo entre estudiantes y docentes en la construcción de
acuerdos. Asimismo, se resalta la necesidad de observar estas dinámicas en
contextos rurales, donde las relaciones comunitarias permiten experiencias
emocionales particulares. Se concluye que la mediación de conflictos desde las
vivencias emocionales con una mirada cualitativa permite ampliar la comprensión
de la convivencia escolar y fundamentar estrategias pedagógicas más sensibles.
Palabras clave: Competencia socioemocional, convivencia escolar, experiencia subjetiva.
Social-emotional skills in school mediation processes:
a reflection from a rural context
Abstract
Keywords: Social-emotional
competence, school coexistence, subjective experience.
Recepción:
04 de marzo de 2026.
Aceptación:
02 de junio de 2026.
INTRODUCCIÓN
Hablar de convivencia escolar, es hablar de emociones,
experiencias significativas y subjetivas en los espacios educativos actuales,
esto también representa un desafío permanente especialmente en contextos rurales
donde los conflictos escolares están permeados por diversas dinámicas sociales
y culturales. En los últimos años, diversas investigaciones destacan la
necesidad de fortalecer las competencias socioemocionales, atendiendo a las
necesidades que surgen en medio del proceso educativo, como la violencia
escolar, el llamado bullying y diversos conflictos que surgen a diario. Por tanto,
fortalecer el manejo de las emociones en los estudiantes y también en los
docentes es una estrategia que puede fomentar el desarrollo de las habilidades
socioemocionales en los procesos educativos y fundamento para la construcción
de ambientes más democráticos y participativos (Santander Trigo et al., 2020;
Calderón Sánchez et al., 2023). Desde esta perspectiva, la inteligencia
emocional ha sido vinculada con la mejora de las relaciones interpersonales y
con una mayor capacidad de los estudiantes para gestionar desacuerdos de forma
pacífica (Monta Quilumba et al., 2025).
La mediación de conflictos escolares ha surgido como
una estrategia pedagógica orientada a transformar el conflicto en una
oportunidad de aprendizaje, promoviendo el diálogo, la escucha activa y la
corresponsabilidad entre las partes implicadas (Merino Trigueros, 2021). La
gestión de la convivencia escolar requiere trascender enfoques meramente
normativos y sancionatorios, incorporando el desarrollo de competencias
socioemocionales que permitan a los estudiantes comprender el impacto de sus
emociones en las relaciones interpersonales. Además, la inteligencia emocional
se convierte en un eje articulador de prácticas pedagógicas orientadas a la
prevención de conflictos y a la consolidación de una cultura de paz en la
escuela (Molina Isaza & Nova Herrera, 2022). También, la formación de
estudiantes mediadores ha demostrado impactar positivamente en la cultura de
paz institucional y en el desarrollo de habilidades socioemocionales (Sánchez
Lozano & Domínguez Ornelas, 2024).
El estudio de Rojo Guillamón y Ferrando Prieto (2022)
ofrece un aporte significativo para comprender las vivencias emocionales en los
procesos de mediación escolar en un contexto rural donde las dinámicas
académicas y convivenciales se ven permeadas por situaciones externas de varios
tintes, como el social, el económico y hasta el ambiental. Las autoras
evidencian que la mediación no solo actúa como una estrategia de resolución de
conflictos, sino como un dispositivo formativo que transforma las dinámicas
relacionales dentro de la comunidad educativa. En este marco, las emociones
emergen como un componente central del proceso, ya que influyen en la
disposición al diálogo, en la construcción de acuerdos, en la percepción de
justicia entre las partes implicadas e incluso en la misma unidad del
territorio rural que por lo general es un tejido social donde cada parte esta
intrínsecamente ligada con la otra. Sin embargo, aunque varias investigaciones
han avanzado significativamente en la medición de competencias emocionales y en
la evaluación de programas de mediación, persiste un vacío en la parte
cualitativa vista desde una perspectiva más empática y humana de las vivencias
emocionales que experimentan los estudiantes durante los procesos de conflicto
y mediación.
Esta necesidad también está presente los contextos
rurales, donde las dinámicas comunitarias, familiares y culturales influyen de
manera particular en las competencias socioemocionales en la escuela. En estos
escenarios rurales, el conflicto no se limita al aula, sino que puede
trascender a otros ámbitos de la vida comunitaria, intensificando las
experiencias emocionales. De acuerdo con lo anterior, comprender la
articulación entre las emocionales y mediación escolar desde una perspectiva
cualitativa y consciente teniendo en cuenta la subjetividad de cada estudiante,
permite enriquecer la investigación de la convivencia más allá de indicadores
conductuales, que nos arrojan resultados más cuantitativos.
En este sentido, el presente ensayo quiere plantear la
importancia de comprender las emociones del otro, más aún cuando estas se
encuentran relacionadas con conflictos escolares, donde una dosis de empatía y
dialogo puede mejorar e incluso identificar más similitudes que diferencias
entre los estudiantes y llegar acuerdos de convivencia más sanos. Se plantea
que abordar la mediación desde la experiencia emocional de los estudiantes no
solo amplía la comprensión del fenómeno, sino que también contribuye al diseño
de estrategias pedagógicas más sensibles a la dimensión humana del conflicto.
DESARROLLO
La convivencia escolar se ha consolidado como un eje
fundamental en la construcción de ambientes educativos orientados al desarrollo
integral del estudiante. En los últimos años, diversas investigaciones han
resaltado que los conflictos escolares no deben comprenderse únicamente como
manifestaciones conductuales aisladas, sino como fenómenos complejos
atravesados por dimensiones emocionales, sociales e inclusive económicas. En
este sentido, Santander Trigo et al., (2020) sostienen que la regulación
emocional influye significativamente en la dinámica del aula y en la manera en
que los estudiantes afrontan situaciones conflictivas. De forma similar,
Calderón Sánchez et al., (2023) argumentan que la educación emocional fortalece
la capacidad del estudiante para gestionar desacuerdos desde el diálogo y la
empatía.
Asimismo, las habilidades emocionales han sido
vinculadas con mejores niveles de convivencia y rendimiento académico. La
investigación de Monta Quilumba et al., (2025) evidencia que el desarrollo de
habilidades emocionales favorece la resolución pacífica de conflictos en el
entorno escolar. En la misma línea, estudios sobre adolescentes han mostrado
que existe una relación significativa entre competencias socioemocionales,
bienestar académico y disminución de conductas disruptivas. Estas
investigaciones han contribuido a posicionar la dimensión emocional como un
componente fundamental en la construcción de ambientes educativos más
armónicos.
La mediación de conflictos escolares mediante la
experiencia subjetiva del estudiante y el manejo de sus emociones, han sido
reconocidos como una estrategia pedagógica orientada a transformar el conflicto
en una oportunidad formativa. Merino Trigueros (2021) plantea que la mediación
no solo busca resolver desacuerdos, sino promover procesos de escucha activa y
corresponsabilidad entre las partes implicadas. En ese mismo sentido, Sánchez
Lozano & Domínguez Ornelas (2024), señalan que la formación de estudiantes
mediadores contribuye al fortalecimiento de la cultura de paz y al desarrollo
de competencias socioemocionales. Igualmente, el trabajo de Molina-Isaza y
Nova-Herrera (2022) aporta un fundamento teórico clave para comprender las
vivencias emocionales en los procesos de mediación de conflictos escolares. Los
autores plantean que las habilidades emocionales no solo constituyen una
competencia individual, sino una herramienta pedagógica y relacional que incide
directamente en la gestión de la convivencia. Desde esta perspectiva, la
mediación escolar en contextos rurales no puede reducirse a la resolución
instrumental de conflictos, sino que debe asumirse como un espacio formativo
donde el reconocimiento, la regulación y la expresión adecuada de las emociones
configuran aprendizajes sociales significativos.
No obstante, aunque estos aportes han enriquecido la
investigación del componente socioemocional en contextos educativos, el
análisis de dichas investigaciones evidencia una tendencia predominante hacia
enfoques cuantitativos centrados en la medición de variables emocionales o en
la evaluación de la eficacia de programas específicos. La implementación de la
mediación escolar en educación secundaria favorece la mejora del clima de
convivencia, promoviendo el diálogo, la participación activa de los estudiantes
y la resolución pacífica de conflictos. De forma similar, la formación en
mediación de conflictos desde experiencias individuales significativas de los
estudiantes, fortalece competencias sociales y emocionales, incrementando la
responsabilidad, la empatía y el compromiso del estudiante en la construcción
de relaciones más respetuosas dentro y fuera de las instituciones educativas
(Rojo Guillamón & Ferrando Prieto, 2022). La gestión de conflictos en el
contexto educativo requiere un enfoque integral que articule estrategias
preventivas y de intervención, centradas en la participación activa de los
actores implicados. Los hallazgos señalan que cuando se promueve la comunicación
asertiva y la reflexión conjunta sobre las causas del conflicto, se generan
aprendizajes significativos que inciden positivamente en el clima escolar y en
el desarrollo de competencias socioemocionales orientadas a la resolución
pacífica de conflictos escolares. (Gallego Domínguez et al., 2020). Si bien
estos estudios aportan evidencia valiosa, tienden a privilegiar resultados
cuantificables, dejando en segundo plano la parte cualitativa, que comprende
las experiencias focalizadas de los estudiantes durante los procesos de
conflicto y mediación en los contextos educativos.
En consecuencia, surge una inquietud investigativa
relevante: ¿es suficiente medir las habilidades socioemocionales para
comprender cómo los estudiantes viven realmente los conflictos escolares? Las
emociones no solo se regulan o se cuantifican; se experimentan, se interpretan
y se resignifican dentro de contextos específicos. Como señalan Moreno (2025),
las experiencias emocionales en el aula están mediadas por factores
contextuales que influyen en la manera en que los estudiantes perciben y
afrontan las situaciones conflictivas. Pocas investigaciones profundizan en los
casos puntuales de cada estudiante, como vive de forma personal sus emociones y
cómo reacciona de forma subjetiva de acuerdo con la situación en escenarios de
mediación de conflictos escolares.
A partir de este análisis, se identifican vacíos
significativos en el estudio de las competencias socioemocionales en contextos
educativos, en especial contextos rurales. En primer lugar, existe una limitada
exploración cualitativa de las vivencias emocionales en procesos de mediación
escolar. Aunque las competencias socioemocionales han sido ampliamente
estudiadas, son escasos los trabajos que analizan cómo los estudiantes se sienten,
interpretan y resignifican su participación en estos procesos. En segundo
lugar, la mediación suele abordarse como técnica procedimental orientada a
disminuir conflictos, pero no como un proceso pedagógico donde se tengan en
cuenta las emociones subjetivas e individuales de los estudiantes, como miedo,
vergüenza, frustración o empatía. Finalmente, la producción académica evidencia
una menor presencia de estudios desarrollados en contextos rurales, pese a que
estos escenarios presentan dinámicas socioculturales particulares que inciden
en la construcción emocional del conflicto.
Este último aspecto resulta especialmente relevante,
dado que en entornos rurales las relaciones interpersonales suelen extenderse
más allá del espacio escolar, involucrando dinámicas comunitarias y familiares
que intensifican las experiencias emocionales asociadas al conflicto. Por esta
razón, comprender la mediación escolar desde una perspectiva específica, implica
reconocer que las emociones no surgen sin una razón de ser, sino que más bien
son un producto de una serie de dinámicas sociales, culturales y educativas.
Desde esta perspectiva, se puede afirmar que la mediación de conflictos escolares,
en especial rurales, debe entenderse como un proceso emocionalmente subjetivo,
donde las experiencias significativas del estudiante condicionan su disposición
al diálogo y a la construcción de acuerdos.
En términos críticos, esta reflexión invita a
replantear las estrategias pedagógicas orientadas a la gestión de conflictos.
No se trata únicamente de aplicar protocolos institucionales, sino de generar
espacios seguros donde los estudiantes puedan expresar, observar e identificar sus
emociones. Integrar la dimensión experiencial en el análisis de la mediación de
conflictos escolares no implica desestimar los enfoques cuantitativos
existentes, sino complementarlos con una comprensión más profunda de la
experiencia subjetiva, teniendo en cuenta el estudiante como un ser individual
cargado de emociones singulares que se dan de acuerdo a sus vivencias y
contexto. En consecuencia, fortalecer la investigación cualitativa en este
campo puede contribuir al diseño de prácticas pedagógicas más sensibles a las competencias
socioemocionales, en relación con los conflictos escolares y, por ende, a la
consolidación de una cultura educativa basada en el reconocimiento, el diálogo
y la empatía.
CONCLUSIÓN
La convivencia escolar y la
mediación de conflictos han sido ampliamente abordadas en la investigación
educativa, especialmente desde enfoques centrados en la medición de
competencias socioemocionales y en la evaluación de programas institucionales.
Sin embargo, este recorrido teórico también evidencia que la dimensión
experiencial de las emociones, desde un enfoque cualitativo continúa siendo un
campo que requiere mayor profundización. Si el manejo de emociones ha sido reconocido
como factores protectores frente al conflicto, comprender cómo los estudiantes sienten
e interpretan sus experiencias individuales durante los procesos de mediación de
conflictos escolares constituye un desafío pendiente en la investigación
educativa.
Es importante analizar de las
experiencias emocionales del estudiante, visto como un ser individual y
subjetivo, ya que esto permite ampliar la comprensión del conflicto más allá de
indicadores conductuales o resultados cuantificables. La mediación de
conflictos no puede entenderse únicamente como una técnica de resolución, sino
como un proceso consciente atravesado por emociones subjetivas que influyen en
la disposición al diálogo, en la construcción de acuerdos y en la consolidación
de culturas educativas más pacíficas. Es decir, reconocer las características
del contexto rural aporta una mirada puntual que enriquece el análisis de la
convivencia escolar y visibiliza dinámicas socioculturales que suelen quedar al
margen de la parte académica.
Finalmente, entender el proceso
socioemocional del estudiante profundiza la mirada de su experiencia subjetiva,
contribuyendo a la construcción de estrategias pedagógicas más sensibles a la
dimensión humana, para así construir acuerdos conscientes cuando se dan
conflictos escolares. En definitiva, la anterior reflexión invita a repensar la
mediación de conflictos escolares desde una mirada cualitativa, como un espacio
formativo donde las emociones no se silencian, sino que se comprenden y se
transforman en oportunidades de aprendizaje, teniendo en cuenta el contexto
tanto individual como colectivo.
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