René Alexis Rodríguez Joaquín
https://orcid.org/0000-0002-0116-9196
renealexis.rodriguezjoaquin@gmail.com
Universidad de Guadalajara, México
DOI: https://doi.org/10.61454/yhetdk61 DOI. https://doi.org/10.61454/espila.2025.7.2.001
Resumen
Los modelos grandes de lenguaje (LLMs) han pasado de objeto de la lingüística computacional a infraestructura cotidiana de la producción profesional, científica y administrativa. Este ensayo propone una literacidad en IA entendida como comprensión técnico-epistémica del artefacto LLM, organizada en tres ejes: cómo funciona, qué sesgos inscribe y qué operatividad responsable cabe esperar de su uso. Desde un paradigma cualitativo-interpretativo, se adopta un diseño de investigación documental con enfoque crítico-analítico, siguiendo el modelo de Bowen (2009), a partir de literatura primaria indexada en Web of Science, Scopus, Google Scholar, arXiv y la ACL Anthology entre 2017 y mayo de 2026, sobre arquitecturas transformer (Vaswani et al., 2017), tokenización (Petrov et al., 2023; Ahia et al., 2023), aprendizaje por refuerzo con retroalimentación humana (Ouyang et al., 2022; Casper et al., 2023), validez de constructo (Raji et al., 2021; Bowman y Dahl, 2021) y colonialidad de datos (Quijano, 2000; Couldry y Mejias, 2019). El análisis identifica tres operaciones técnicas centrales (tokenización, atención y predicción del siguiente token) cuyas decisiones de diseño penalizan al español frente al inglés con un premium de tokenización de 1,55 a 1 en GPT-3.5 y GPT-4; tres capas estructurales de inscripción de sesgos (corpus, alineamiento por RLHF y benchmarks) que invalidan la pretensión de neutralidad de los sistemas comerciales; una caída de la transparencia agregada de los modelos de fundación de 58 a 40,69 puntos sobre 100 entre 2024 y 2025; y una brecha de hasta 30,2 puntos porcentuales entre la mejor y la peor lengua en MMLU-ProX. Se concluye que la literacidad técnico-epistémica es condición necesaria para que la academia, los organismos públicos, el sector privado y el tercer sector latinoamericanos articulen políticas de IA situadas, transparentes y soberanas.
literacidad
en IA, modelos grandes de lenguaje, tokenización,
sesgo algorítmico, RLHF, benchmarks, transparencia de
datos.
Abstract
Large
Language Models (LLMs) have moved from a specialized object of computational
linguistics to a routine infrastructure for professional, scientific and
administrative production. This essay proposes an AI literacy understood as the
technical-epistemic comprehension of the LLM artifact, organized in three axes:
how it works, what biases it inscribes, and what responsible operability can be
expected from its use. From a qualitative-interpretive paradigm, a documentary
research design with a critical-analytical approach is adopted, following
Bowen’s (2009) model, drawing on primary literature indexed in Web of Science,
Scopus, Google Scholar, arXiv and the ACL Anthology
between 2017 and May 2026, on transformer architectures (Vaswani et al., 2017),
tokenization (Petrov et al., 2023; Ahia et al., 2023), reinforcement learning
from human feedback (Ouyang et al., 2022; Casper et al., 2023), construct
validity (Raji et al., 2021; Bowman and Dahl, 2021), and data coloniality
(Quijano, 2000; Couldry and Mejias, 2019). The
analysis identifies three central technical operations (tokenization, attention
and next-token prediction) whose design decisions penalize Spanish relative to
English with a tokenization premium of 1.55 to 1 in GPT-3.5 and GPT-4; three
structural layers of bias inscription (corpus, RLHF alignment and benchmarks)
that invalidate the neutrality claim of commercial systems; a drop in aggregate
transparency of foundation models from 58 to 40.69 points out of 100 between
2024 and 2025; and a gap of up to 30.2 percentage points between the best and
worst languages in MMLU-ProX. The article concludes
that technical-epistemic literacy is a necessary condition for Latin American
academia, public bodies, private sector, and the third sector to articulate
situated, transparent, and sovereign AI policies.
AI literacy,
large language models, tokenization, algorithmic bias, RLHF, benchmarks, corpus transparency.
Recepción: 6 de marzo de 2026
Aceptación: 19 de junio de 2026
En menos de cuatro años,
los modelos grandes de lenguaje han dejado de ser un objeto de investigación
restringido a laboratorios especializados para convertirse en infraestructura
de uso cotidiano en oficinas públicas, despachos jurídicos, centros de salud,
redacciones periodísticas y aulas universitarias. Esta velocidad de adopción
contrasta con el ritmo, más lento, al que se ha difundido el conocimiento sobre
cómo funcionan estos sistemas y qué inscriben sus arquitecturas. El resultado
es un desfase: muchas personas utilizan diariamente herramientas cuya
descripción técnica básica está fuera de su repertorio conceptual, y muchas
decisiones organizacionales sobre adopción de IA se toman a partir de
demostraciones comerciales antes que de evidencia empírica.
La pregunta que motiva este
trabajo es descriptiva antes que prescriptiva: ¿qué necesita saber, sobre el
objeto LLM, una persona que pretende utilizarlo de forma profesional,
científica o administrativa con responsabilidad? La hipótesis que se defiende es
que tal conocimiento se articula en torno a tres ejes interdependientes que
operan en orden lógico. Primero, el funcionamiento: las tres operaciones
técnicas que producen una salida (tokenización,
atención y predicción del siguiente token) y la genealogía de la arquitectura transformer que las hace posibles. Segundo, los
sesgos: las tres capas estructurales donde el sistema deja de ser neutral
(corpus, alineamiento y evaluación). Tercero, la operatividad: los criterios
verificables con que un modelo concreto puede ser auditado, comparado o
desestimado para un caso de uso particular.
La noción de literacidad
que se propone diverge tanto de la versión funcionalista que la reduce a
competencias de uso como de la versión generalista que la disuelve en una
alfabetización digital genérica. La literacidad en IA, tal como aquí se
entiende, es la capacidad de describir el artefacto LLM en términos
técnicamente correctos sin perder rigor crítico sobre sus condiciones de
producción. Requiere familiaridad con vocabulario de lingüística computacional,
lectura de evidencia empírica reciente y manejo de los marcos epistémicos que
permiten evaluar la validez de las afirmaciones sobre IA. No equivale a
programar un modelo ni a entrenarlo, pero sí a poder leer un reporte técnico,
interpretar un benchmark y formular una
pregunta auditable sobre un sistema desplegado.
La fundamentación teórica
se ancla en cinco tradiciones convergentes. Primero, la lingüística
computacional crítica de Bender y Koller (2020), que aporta la distinción entre
forma lingüística y significado referencial. Segundo, los estudios decoloniales
aplicados a la infraestructura de datos, en la estela de Quijano (2000), Mignolo (2002), Veronelli (2015),
Ricaurte (2022) y Couldry y Mejias (2019). Tercero,
la teoría de la medición psicométrica clásica (Cronbach y Meehl, 1955; Messick,
1995) extendida a la evaluación de la IA por Raji et al. (2021) y Bowman y Dahl
(2021). Cuarto, los estudios de ciencia, tecnología y sociedad sobre
infraestructuras digitales (Crawford, 2021; Birhane, 2020). Quinto, la
filosofía de la información de Floridi (2013, 2023) y
su lectura de los LLMs como agencia sin inteligencia.
La estructura del artículo
refleja esta articulación. La segunda sección describe el enfoque metodológico
de revisión documental crítica que sostiene la lectura. La tercera sección
expone el funcionamiento del LLM desde la jerarquía conceptual de la inteligencia
artificial, hasta el detalle de las tres operaciones centrales, con énfasis en
la tokenización como sitio donde se inscribe la
asimetría lingüística que paga el español. La cuarta sección examina los sesgos
en tres capas: corpus de entrenamiento y opacidad documental, alineamiento por
RLHF y benchmarks de evaluación. La quinta sección
desarrolla la operatividad como práctica auditiva: cómo seleccionar un modelo,
cómo verificar una respuesta, cómo medir el rendimiento por dominio. La sexta
sección discute las implicaciones para América Latina. La séptima sección
sintetiza las conclusiones y proyecta líneas futuras.
El presente trabajo se
inscribe en el paradigma cualitativo-interpretativo y adopta un diseño de
investigación documental con enfoque crítico-analítico (Denzin y Lincoln,
2012). No constituye una revisión sistemática en sentido PRISMA, sino una
revisión documental crítica orientada a la construcción argumentativa de un
concepto, la literacidad en IA, a partir de literatura primaria
interdisciplinar. El procedimiento de análisis documental sigue el modelo
propuesto por Bowen (2009), articulado en cuatro fases: (i) localización y
selección de fuentes, (ii) lectura analítica y
codificación temática, (iii) síntesis interpretativa
y (iv) contrastación crítica entre fuentes.
La búsqueda bibliográfica
se realizó entre enero y abril de 2026 en cuatro fuentes complementarias: Web of Science y Scopus,
como bases de datos multidisciplinares de alto factor de impacto; Google
Scholar, como agregador de literatura gris y revistas latinoamericanas no
indexadas en los anteriores; y arXiv junto con la ACL
Anthology, como repositorios especializados que
concentran la literatura primaria del campo del procesamiento del lenguaje
natural y los modelos de fundación. Esta combinación responde a una
característica del campo: la investigación técnica de referencia en IA generativa
circula con frecuencia primero como preprint en arXiv o como actas de congreso (NeurIPS,
ICML, ACL, NAACL, EMNLP, FAccT) antes de ser indexada
en revistas tradicionales.
La estrategia de búsqueda
se estructuró en torno a cinco bloques temáticos correspondientes a los ejes
argumentales del artículo. El primero, arquitectura transformer
y tokenización, combinó los descriptores “transformer architecture”, “tokenization fairness”, “subword tokenization” y “language model tokenizer”. El segundo, sesgos en corpus y alineamiento,
combinó “RLHF bias”, “reinforcement
learning human feedback”,
“cultural bias LLM” y “WEIRD AI”. El tercero, benchmarks y validez de constructo, combinó “benchmark validity”, “MMLU contamination”, “construct validity NLP” y “multilingual benchmark”. El cuarto, transparencia y colonialidad
de datos, combinó “data colonialism”, “colonialidad de datos”, “foundation
model transparency” y “AI
labor”. El quinto, iniciativas latinoamericanas y literacidad en IA, combinó “LatamGPT”, “Spanish language model”, “literacidad en IA”, “AI literacy”
y “IA América Latina”. Los descriptores se aplicaron en castellano e inglés con
operadores booleanos (AND, OR) en cada motor de búsqueda.
El periodo temporal de la
búsqueda contempló dos ventanas. Una ventana de literatura clásica, abierta
hacia atrás sin restricción de fecha de inicio, destinada a recuperar los
fundamentos teóricos de las cinco tradiciones convocadas: la psicometría de la
validez de constructo (con Cronbach y Meehl, 1955, como referencia más
antigua), la cibernética neuronal (Rosenblatt, 1958; Rumelhart, Hinton y
Williams, 1986), los estudios decoloniales (Quijano, 2000; Mignolo,
2002) y la sociología de la comunicación (Goffman, 1981). Una ventana de
literatura focal, comprendida entre 2017 (año de publicación de Attention Is All
You Need, hito fundacional del paradigma transformer)
y mayo de 2026, destinada a recoger la evidencia empírica reciente sobre
arquitectura, tokenización, sesgos, benchmarks y transparencia. Esta segmentación permitió
articular un anclaje conceptual estable con una lectura actualizada del estado
del arte.
Los criterios de inclusión
aplicados fueron cinco. Primero, literatura primaria publicada en revistas
indexadas en Web of Science
o Scopus, o en actas de congresos de referencia en el
campo (ACL, NeurIPS, ICML, FAccT,
NAACL, EMNLP). Segundo, reportes técnicos de modelos de fundación publicados
por sus desarrolladores (OpenAI, Meta) o por
observatorios independientes (Stanford Center for Research on Foundation
Models). Tercero, literatura clásica de las
tradiciones teóricas convocadas, aun cuando excediera la ventana focal. Cuarto,
documentos publicados en español, inglés o portugués. Quinto, en el caso de
fuentes periodísticas, únicamente cuando se trató de reportajes de
investigación original con datos verificables que funcionaron como fuente
primaria (por ejemplo, el reporte de TIME sobre las condiciones
laborales en Sama-OpenAI).
Los criterios de exclusión
eliminaron, en primer lugar, publicaciones de divulgación sin revisión por
pares ni respaldo en datos verificables; en segundo lugar, entradas de blog
corporativo de los proveedores de modelos cuando no estuvieron respaldadas por
reportes técnicos paralelos; en tercer lugar, literatura secundaria que
únicamente glosaba fuentes primarias ya incluidas en el corpus, en aplicación
del principio metodológico de regreso a la fuente; y en cuarto lugar,
materiales sin acceso al texto completo cuando la pieza no era localizable
mediante repositorios institucionales ni vías bibliotecarias.
La organización de las
fuentes se realizó mediante una matriz de codificación temática que registró,
para cada referencia, cinco atributos: tradición teórica de procedencia, eje
argumental al que aporta, tipo de evidencia (empírica, conceptual o técnica),
región de procedencia institucional y año de publicación. Esta codificación
permitió identificar zonas de saturación teórica y zonas de vacío,
particularmente en lo referente a literatura latinoamericana sobre el objeto
LLM. El procedimiento de análisis combinó tres operaciones articuladas: lectura
analítica para identificar argumentos centrales y evidencia empírica de cada
fuente; análisis de contenido cualitativo, en la línea de Krippendorff
(2018), para extraer categorías recurrentes y construir las capas de
inscripción de sesgos que articulan la sección homónima; y triangulación
crítica entre fuentes técnicas, filosóficas y decoloniales para evitar el sesgo
disciplinar y permitir la lectura situada que el artículo defiende.
Para garantizar la
transparencia y la trazabilidad del procedimiento metodológico (Bowen, 2009),
la organización de las fuentes se sistematizó mediante una matriz de
codificación temática. A continuación, la Tabla 1 presenta un extracto
representativo de este instrumento, ilustrando cómo se evaluaron los cinco
atributos principales frente a fuentes de distinta naturaleza (literatura
académica, teoría decolonial y reportes técnicos corporativos).
Tabla 1. Extracto de la matriz de codificación temática para
el análisis documental.
|
Referencia (Autor y Año) |
Tradición teórica de
procedencia |
Eje argumental al que
aporta |
Tipo de evidencia |
Región de procedencia
institucional |
|
Petrov et al. (2023) |
Lingüística computacional |
Funcionamiento (Asimetría
en la tokenización del español) |
Empírica / Técnica |
Norte Global (Reino Unido
/ Arabia Saudita) |
|
Bender y Koller (2020) |
Lingüística computacional crítica |
Funcionamiento (Distinción entre forma lingüística y significado) |
Conceptual |
Norte Global (Estados Unidos / Alemania) |
|
Quijano (2000) |
Estudios decoloniales
latinoamericanos |
Sesgos (Colonialidad del lenguaje y subordinación en corpus) |
Teórica / Conceptual |
América Latina (Perú) |
|
Bommasani et al. (2025) |
Evaluación métrica de IA (Stanford CRFM) |
Sesgos e infraestructura (Opacidad en la trazabilidad del corpus) |
Empírica |
Norte Global (Estados Unidos) |
|
OpenAI (2023) / Touvron et al. (2023) |
Documentación corporativa
/ Reporte de la industria |
Sesgos y operatividad
(Estrategias de opacidad competitiva) |
Técnica / Reporte
comercial |
Norte Global (Estados
Unidos) |
Antes de discutir LLMs específicos conviene situarlos en una jerarquía
conceptual cuya difuminación es fuente recurrente de errores divulgativos. La
inteligencia artificial es el término más amplio y se refiere al diseño de
sistemas que simulan capacidades cognitivas humanas como reconocimiento,
decisión y resolución de problemas. El aprendizaje automático (machine learning) es un subconjunto de la IA que diseña
algoritmos capaces de aprender de los datos sin ser programados explícitamente,
infiriendo reglas a partir de ejemplos. El aprendizaje profundo (deep learning) es,
a su vez, un subconjunto del aprendizaje automático que utiliza redes
neuronales con múltiples capas, especialmente útil para datos no estructurados,
como texto, imagen o audio, donde no es posible diseñar manualmente las
características relevantes (Goodfellow et al., 2016).
Dentro del aprendizaje
profundo se ubica la IA generativa, orientada a producir contenido nuevo a
partir de patrones aprendidos. Y dentro de la IA generativa, los modelos
grandes de lenguaje (LLMs) constituyen una familia
particular orientada al texto, entrenada con decenas o cientos de miles de
millones de parámetros sobre corpus de billones de tokens. Las herramientas
comerciales, como ChatGPT, Claude, Gemini o DeepSeek, son las puntas visibles de un conjunto cuyo fondo
es estadístico y matemático. Distinguir estos niveles permite no confundir una
propiedad de la IA en general (por ejemplo, la capacidad de clasificar imágenes
médicas) con una propiedad específica de los LLMs (la
generación probabilística de texto). La Figura 1 sintetiza esta jerarquía.
Figura 1.
Jerarquía conceptual de la
inteligencia artificial.

Cada nivel constituye un
subconjunto del nivel inmediatamente superior. Adaptado de Goodfellow, Bengio y Courville (2016). Elaboración propia.
La historia técnica que
conduce a los LLMs contemporáneos puede contarse en
tres hitos: el perceptrón de Rosenblatt (1958) como antecedente de toda red
neuronal; la retropropagación del error (backpropagation) de Rumelhart, Hinton y Williams
(1986), que hace viable el aprendizaje profundo; y la arquitectura transformer de Vaswani et al. (2017), basada
únicamente en mecanismos de atención. El transformer
superó la limitación de las redes recurrentes al procesar toda la secuencia en
paralelo y capturar dependencias a cualquier distancia, aunque con costo
cuadrático en la longitud: esta restricción matemática es la que fija lo que
hoy se conoce como ventana de contexto y explica por qué su dimensión se ha
vuelto eje de competencia comercial (a mayo de 2026, Gemini y Claude superan el
millón de tokens; Grok reporta hasta dos millones).
Un LLM contemporáneo
realiza tres pasos esenciales. Primero, el texto entrante se segmenta en
tokens, unidades subléxicas producidas por algoritmos
como BPE (Sennrich, Haddow y Birch, 2016), WordPiece (Devlin et al., 2019) o SentencePiece
(Kudo y Richardson, 2018), y cada token se traduce a un vector denso de alta
dimensión llamado embedding donde tokens
semánticamente cercanos ocupan posiciones próximas (Sanderson, 2024). Segundo,
la atención propia o self-attention pondera
cada token según su relevancia respecto al resto del contexto, refinando su
representación. Tercero, sobre esa representación contextualizada el modelo
predice el siguiente token muestreando una distribución de probabilidad sobre
el vocabulario, y el proceso se repite. El argumento técnico clave que sostiene
cualquier descripción rigurosa del objeto es el siguiente: el transformer no entiende, redistribuye
estadísticamente la información del contexto sobre cada token (Teixeira et al.,
2025). Los pesos de atención son patrones de correlación distribucional
aprendidos, no relaciones semánticas comprendidas. La Figura 2 sintetiza las
tres operaciones en un flujo único.
Figura 2.
Las tres operaciones
centrales del LLM: tokenización, atención y
predicción del siguiente token.

El LLM no comprende ni
razona en sentido referencial: redistribuye estadísticamente la información del
contexto sobre cada token (Bender y Koller, 2020; Floridi,
2023). Las probabilidades mostradas son ilustrativas. Elaboración propia.
Dentro de las tres
operaciones, la tokenización merece tratamiento
específico porque es donde se inscribe materialmente la primera asimetría
política del sistema. En tokenizadores entrenados se
sobrerrepresentan dominantemente los anglófonos, palabras inglesas frecuentes
se codifican en un solo token, mientras que palabras en español, con mayor
riqueza morfológica, tildes, ñ y desinencias, se fragmentan habitualmente.
Petrov et al. (2023), en NeurIPS, documentaron esta
asimetría sobre el corpus FLORES-200 y reportaron que el tokenizador
de ChatGPT y GPT-4 (cl100k_base) emplea cerca de 1,55
veces más tokens para codificar el mismo texto en español que en inglés (ver
tabla 2). Para el italiano la cifra es 1,6; para el búlgaro 2,6; para el árabe
3; y para el shan, lengua del estado birmano
homónimo, hasta 15 veces más. Ahia et al. (2023) corroboran que los tokenizadores de las APIs
comerciales favorecen desproporcionadamente las lenguas de escritura latina y
fragmentan en exceso las lenguas y escrituras menos representadas.
Las implicaciones son tres
y deben ser explicitadas en cualquier descripción rigurosa del objeto. Primera,
los costos: como las APIs comerciales facturan por
token consumido, una conversación en español cuesta alrededor de un 50 % más
que la misma conversación en inglés. Segunda, el rendimiento: más fragmentación
implica menos espacio semántico por palabra y, dado que la ventana de contexto
se mide en tokens, su capacidad efectiva en palabras se reduce. Tercera, lo que
importa epistemológicamente: la subrepresentación está codificada en el tokenizador, antes incluso de que el modelo se invoque. No
es una preferencia del modelo; es una decisión de diseño con consecuencias
materiales para los hablantes de lenguas no anglófonas, especialmente las
indígenas, donde la fragmentación es aún más severa.
Tabla 2. Premium de tokenización
del español frente al inglés en tokenizadores
comerciales.
|
Tokenizador |
Modelos asociados |
Premium español/inglés |
|
r50k / p50k_base |
GPT-2, RoBERTa |
1,99× |
|
cl100k_base |
GPT-3.5, GPT-4 |
1,55× |
|
FlanT5 |
Familia Flan-T5 |
2,23× |
Nota. Adaptado de Petrov, La Malfa, Torr y Bibi
(2023, Tabla 2, p. 3), evaluado sobre el corpus FLORES-200.
La distinción más útil para
describir lo que un LLM hace es la que Bender y Koller (2020) formalizan en Climbing towards NLU:
un sistema entrenado solo sobre forma no tiene, a priori, modo de aprender
significado. Su octopus test ilustra el
punto: un pulpo que intercepta cables submarinos entre dos islas y aprende a
generar mensajes plausibles sin haber experimentado el mundo no comprende, y
esto es estructuralmente análogo a lo que hace un LLM. La crítica converge con
Bender et al. (2021), Mitchell y Krakauer (2023), Floridi
(2023) y La Fontaine (2024): los LLMs son loros
estocásticos que manipulan forma lingüística con sofisticación sin precedentes
y producen efectos reales sobre los usuarios, pero atribuirles comprensión en
sentido referencial es una categoría errada. Floridi
(2023) lo sintetiza con precisión al describirlos como agencia sin
inteligencia.
La pretensión de que los LLMs son herramientas neutrales es, a la luz de la
literatura empírica reciente, insostenible. Los sesgos no son fallos
accidentales del sistema; son consecuencias estructurales de cómo se construyen
estos modelos en cada una de sus etapas. Esta sección identifica tres capas
donde los sesgos se inscriben con efectos medibles: el corpus de entrenamiento,
el alineamiento por RLHF, los benchmarks de
evaluación.
Un corpus de pre-entrenamiento contemporáneo es un conjunto de varios
billones de tokens compuesto típicamente por web scraping
masivo, libros, código, literatura académica y foros. La fuente dominante es Common
Crawl, cuyo archivo más reciente reporta cerca del 41 al 43 por ciento de
contenido en inglés, frente a porcentajes notablemente menores para el español
y el portugués. La cifra proxy más relevante para una audiencia latinoamericana
proviene de los documentos técnicos de los propios modelos. Brown et al.
(2020), en su artículo de presentación de GPT-3, declaran que la lengua del
modelo es primariamente el inglés, con un 93 por ciento del recuento por
palabra. En LLaMA 2, según el reporte técnico de Touvron et al. (2023), el inglés ocupa el 89,70 por ciento
del corpus, mientras que el español apenas el 0,13 por ciento y el portugués el
0,09 por ciento.
Esta jerarquía no es un
accidente técnico sino, como argumentan Quijano (2000) y Couldry
y Mejias (2019), la consolidación computacional de la colonialidad
del poder y de un nuevo colonialismo de datos. La taxonomía de Joshi et al.
(2020) clasifica las cerca de siete mil lenguas vivas del planeta en seis
clases que van de The Left-Behinds a The Winners;
el inglés y el español están en clase 5, pero el español es un ganador
asimétrico, subordinado al inglés en los corpus y desproporcionadamente
dominante respecto a las lenguas indígenas latinoamericanas, que casi en su
totalidad pertenecen a la clase 0. Veronelli (2015),
desde la filosofía decolonial latinoamericana, ofrece la categoría precisa: la colonialidad del lenguaje opera mediante un monolenguaje que naturaliza ciertos hablantes como sujetos
legítimos de comunicación y vuelve invisibles a otros.
La transparencia sobre los
corpus ha retrocedido. El Foundation Model Transparency Index 2025
(Stanford CRFM) reporta una caída de la transparencia promedio a 40,69 puntos
sobre 100, frente a 58 puntos en 2024 (Bommasani et
al., 2025). Meta retrocedió de 60 a 31; Mistral, de 55 a 18. La invocación
corporativa de un panorama competitivo, la fórmula que aparece en el reporte
técnico de GPT-4 (OpenAI, 2023), funciona como un
discurso legitimador que protege intereses corporativos del escrutinio público.
Esta opacidad incluye, además del contenido, el trabajo invisible. La
investigación de Perrigo (2023) en TIME documentó que OpenAI,
mediante la subcontratista Sama, empleó trabajadores kenianos a entre 1,32 y 2
dólares por hora para etiquetar contenido tóxico durante el entrenamiento de
los filtros de ChatGPT. Crawford (2021), en Atlas of AI, ofrece el marco para leer estas cadenas materiales:
la IA es un registro de poder cuya fenomenología amable reposa en última
instancia sobre minas, almacenes, centros de datos y mercados de trabajo
precarios.
El Reinforcement
Learning from Human Feedback (aprendizaje por refuerzo a partir de
retroalimentación humana, RLHF) es el procedimiento mediante el cual los
modelos pre-entrenados son afinados para alinearse
con preferencias humanas. Tres procesos interconectados componen esta cadena:
recolección de feedback, modelado de
recompensa y optimización de política (Casper et al., 2023). Cada etapa
introduce sesgos. La pretensión corporativa de que el RLHF produce modelos
neutrales o alineados con valores humanos universales es, a la luz de la
evidencia, una afirmación ideológica.
Santurkar et al. (2023), en su trabajo sobre OpinionQA, cuantifican el sesgo de los modelos alineados
como comparable a la división demócrata-republicana sobre el cambio climático.
Durmus et al. (2023), en GlobalOpinionQA, muestran
sesgo hacia Estados Unidos y algunos países europeos y sudamericanos. Atari et
al. (2023) reportan una correlación de Pearson de −0,70 (p < 0,001) entre la
distancia cultural respecto a Estados Unidos y la similitud de respuestas de
GPT con poblaciones humanas. Los modelos alineados sobrerrepresentan a
poblaciones WEIRD (occidentales, educadas, industrializadas, ricas y
democráticas, en la formulación de Henrich, Heine y Norenzayan,
2010), especialmente estadounidenses de clase media urbana de orientación
liberal. Cuando los datos de RLHF se recolectan casi exclusivamente en inglés,
ese alineamiento no se transfiere: Havaldar et al.
(2023) muestran que los LLMs multilingües siguen
comportándose WEIRD e incluso al responder en lenguas no anglófonas.
La cadena laboral añade
otra dimensión. Las instrucciones de anotación que reciben los trabajadores en
Nairobi, Manila o Caracas son redactadas por equipos de producto en San
Francisco. Lo que cuenta como tóxico, sesgado, útil o inapropiado se decide en el
Norte y se aplica mecánicamente en el Sur. Cuando una instrucción dice marque
como sesgada toda referencia a género asignada por defecto, el anotador no
tiene canal para impugnar la guía explicando que en su contexto
sociolingüístico el binario funciona distinto. La calidad de los datos así
producidos, presentada como reflejo de valores humanos, es reflejo de la
cosmovisión y las prioridades comerciales de quienes diseñan las directrices.
La tercera capa de sesgo
opera en la evaluación. Los benchmarks
dominantes, como MMLU, HellaSwag, HumanEval,
GSM8K o BBH, son las métricas con que se compara modelos en publicaciones
académicas y en mensajes de marketing. La literatura crítica reciente muestra
que estos benchmarks miden mucho menos de lo
que dicen medir. Gema et al. (2024) estiman un 6,49 por ciento de errores en
MMLU, con tasas de hasta 57 por ciento en virología; Balloccu
et al. (2024) documentan que cerca de 4,7 millones de muestras de 263 benchmarks han estado expuestas a GPT-3.5 y GPT-4,
lo que invalida la separación entre conjuntos de entrenamiento y evaluación; Pezeshkpour y Hruschka (2024) muestran caídas de 13 a 75
por ciento sólo reordenando las opciones de respuesta múltiple.
Desde la teoría de la
medición clásica (Cronbach y Meehl, 1955; Messick, 1995), un instrumento mide
bien un constructo cuando hay un constructo bien definido, una
operacionalización fiel y ausencia de varianza irrelevante al constructo. Los benchmarks actuales fallan en los tres frentes. Raji
et al. (2021), en su crítica fundacional, argumentan que los benchmarks generales operan como stand-ins que se asumen capturan capacidades generales, pero
ningún dataset finito puede contener un
constructo abstracto como inteligencia o entendimiento. Bowman y Dahl (2021)
sostienen, en la misma línea, que la evaluación de la comprensión del lenguaje
natural está rota.
Comprender el
funcionamiento de un LLM y reconocer sus sesgos no agota la literacidad. Falta
el tercer eje: saber qué hacer con esa comprensión cuando un sistema concreto
debe ser elegido, comparado, desplegado o desestimado para un caso de uso
particular. Este eje es el que aquí se denomina operatividad, no en el sentido
de aprender a teclear instrucciones efectivas, sino en el sentido auditivo de
poder formular preguntas verificables sobre el rendimiento, la trazabilidad y
los costos reales de un modelo. La operatividad así entendida es una práctica
de auditoría continua que el usuario informado realiza sobre el sistema con el
que trabaja.
Una literacidad operativa
puede ordenarse en torno a cinco preguntas que cualquier profesional,
investigador o tomador de decisiones debería poder formular antes de adoptar un
LLM en un flujo de trabajo crítico. Cada pregunta tiene una respuesta empíricamente
verificable y un protocolo asociado.
La primera pregunta es por
la trazabilidad del corpus: ¿sabe el proveedor qué datos entrenaron al modelo,
en qué proporciones por idioma y de qué fuentes? La respuesta puede consultarse
en el Foundation Model Transparency
Index (Bommasani et
al., 2025); cuando la respuesta es opaca, la decisión racional es asumir que
cualquier reclamo de imparcialidad es indemostrable.
La segunda pregunta es por
el rendimiento por idioma y dominio: ¿cuál es la precisión del modelo en
español y en el dominio específico del caso de uso? Jackson et al. (2025), en
su Omniscience Index,
muestran que la diferencia entre la mejor y la peor opción en un dominio dado
puede superar los cuarenta puntos: la práctica auditiva exige resultados
desagregados, no agregados globales.
La tercera pregunta es por
la calibración: ¿sabe el modelo cuándo no sabe? La métrica relevante no es la
tasa de aciertos sino la de respuestas incorrectas presentadas con alta
confianza. Los reportes de Artificial Analysis
documentan que ciertos modelos comerciales mantienen entre el 39 y el 81 por
ciento de respuestas inventadas en dominios técnicos; una literacidad operativa
exige verificar muestras aleatorias y nunca delegar la verificación final al
propio modelo que produjo la respuesta.
La cuarta pregunta es por
los costos reales del español: el premium de tokenización
documentado por Petrov et al. (2023) implica que organizaciones
latinoamericanas pagan, a igualdad de funcionalidad, cerca de un 50 por ciento
más que las anglófonas. Esta asimetría debe entrar en cualquier análisis de
costo total de propiedad.
La quinta pregunta es por
la auditabilidad de la salida: ¿es posible reproducir la misma respuesta a
partir del mismo prompt? En sistemas comerciales,
generalmente no: la temperatura del muestreo y las actualizaciones silenciosas
de los modelos hosted impiden la
reproducibilidad estricta. Cualquier afirmación científica que cite resultados
de LLMs exige documentar modelo, versión, parámetros
de muestreo y fecha de consulta.
La literacidad en
Inteligencia Artificial (IA) presenta desafíos específicos para América Latina,
haciendo indispensable transitar de la dependencia corporativa hacia la
soberanía tecnológica y lingüística.
·
Asimetría lingüística: el español y el portugués ocupan roles
subordinados a nivel global, mientras que cientos de lenguas indígenas
continentales son invisibles en los corpus comerciales.
·
Dependencia
tecnológica: operamos bajo
infraestructuras, costos y reglas dictadas por el Norte Global. Aunque existen
iniciativas regionales valiosas (como LatamGPT, MarIA o Sabiá), muchas son solo
adaptaciones (fine-tunes) de arquitecturas extranjeras. La soberanía
efectiva requiere infraestructura propia, gobernanza local y datos consentidos.
Las instituciones
académicas tienen una triple responsabilidad para contextualizar el desarrollo
de la IA:
1.
Formación: educar profesionales con visión técnico-crítica,
capaces de auditar la IA en sectores públicos y privados.
2.
Investigación: generar conocimiento situado apoyándose en redes
interinstitucionales consolidadas (Khipu, Latinx in AI, entre otras).
3.
Regulación: colaborar con diferentes sectores para definir
políticas propias de transparencia, auditoría y protección.
Para materializar estos
objetivos, la región debe enfocarse en:
·
Desarrollar
capacidades de evaluación (benchmarks locales)
que contemplen tanto las variedades regionales del español y portugués como las
principales lenguas originarias.
·
Priorizar modelos
abiertos (open-weights) frente a APIs comerciales cerradas. Estos permiten realizar
auditorías directas, proteger datos sensibles en servidores locales y reducir
la dependencia de terceros.
·
Fomentar la
cooperación regional a través de marcos como el plan UNESCO-CEPAL. Ningún país
debe asumir solo los altos costos de infraestructura y desarrollo.
El éxito regional no
depende de decidir si adoptar o no la IA, sino de cómo adoptarla. Esto exige
una articulación operativa real entre la academia, el gobierno y la sociedad
civil, guiada por una literacidad técnico-epistémica basada en evidencias compartidas.
Este artículo ha sostenido
que la literacidad en IA, entendida como comprensión técnico-epistémica del
artefacto LLM, constituye una competencia académica, profesional y ciudadana de
primer orden. Tres conclusiones articulan el argumento desarrollado.
Primera, en el plano del
funcionamiento: los LLMs no son razonadores ni
comprendedores en sentido referencial sino aproximadores estadísticos
compuestos por tres operaciones técnicas (tokenización,
atención y predicción del siguiente token) cuyas decisiones de diseño tienen
consecuencias materiales medibles. La asimetría de tokenización
penaliza al español frente al inglés en una proporción de 1,55 a 1 (Petrov et
al., 2023), y la distinción entre forma y significado fijada por Bender y
Koller (2020) sostiene cualquier descripción rigurosa del objeto.
Segunda, en el plano de los
sesgos: la pretensión de neutralidad de los modelos comerciales se desmiente
empíricamente en tres capas. El corpus es opaco y dominantemente angloparlante,
y la transparencia agregada cayó del 58 al 40,69 sobre 100 entre 2024 y 2025 (Bommasani et al., 2025); el RLHF inyecta preferencias WEIRD
bajo apariencia universal (Santurkar et al., 2023;
Atari et al., 2023); los benchmarks miden
constructos pobremente definidos en condiciones culturalmente sesgadas, con
brechas entre lenguas de hasta 30,2 puntos (Xuan et al., 2025).
Tercera, en el plano de la
operatividad: una literacidad madura no se reduce al uso instrumental, sino que
se despliega como práctica auditiva mediante cinco preguntas verificables
(trazabilidad del corpus, rendimiento por idioma y dominio, calibración, costos
reales del español y auditabilidad de la salida) y se distribuye en tres
niveles de profundidad práctica (usuario informado, equipo organizacional y
actor regulatorio) que articulan responsabilidades crecientes.
Las implicaciones para
América Latina son significativas. La literacidad en IA contribuye al
desarrollo profesional formando ciudadanos capaces de operar con autonomía
crítica en entornos digitales mediados por IA; al avance de la ciencia,
generando investigación situada que produzca conocimiento original sobre IA en
español y portugués; y a la transformación social, creando condiciones para que
las herramientas de IA fortalezcan, y no erosionen, la soberanía cognitiva
regional. Los puentes con organismos públicos, privados y del tercer sector
encuentran aquí un objeto compartido: una IA situada, justa, transparente y
útil.
La adopción de la IA
generativa avanza más rápido que su descripción rigurosa. Comprender el LLM no
es opcional: es la condición mínima para que el uso masivo no se confunda con
el saber. Si la academia latinoamericana asume esta tarea descriptiva con el
rigor que merece, podrá aportar al campo internacional algo más que adopción
tardía: podrá aportar evidencia situada, perspectiva crítica y propuestas
regulatorias propias. La literacidad en IA, así entendida, no es un suplemento
al currículum sino una condición de posibilidad de la investigación responsable
y de la ciudadanía en la era algorítmica.
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