Denis Henao Gómez
https://orcid.org/0009-0006-3926-1912
dehenao119513@umanizales.edu.co
Universidad de Manizales. Colombia
DOI: https://doi.org/10.61454/k61rcg17 DOI. https://doi.org/10.61454/espila.2025.7.2.001
Resumen
Las personas trans enfrentan barreras estructurales y simbólicas en la educación superior que limitan su permanencia, graduación y profesionalización. Este artículo responde a la pregunta: ¿qué obstáculos ha identificado la comunidad investigativa en la última década (2015-2025) respecto a la permanencia, graduación y profesionalización de estudiantes trans en educación superior? Mediante una revisión sistemática con enfoque cualitativo documental y protocolo PRISMA 2020, se consultaron las bases de datos Scopus, Web of Science, SciELO, Redalyc, Dialnet y Google Scholar. Tras aplicar criterios de inclusión y exclusión, se obtuvo una muestra de 41 estudios empíricos en español, inglés y portugués. Los resultados se organizaron en tres categorías: (1) educación: el 85% de los estudios identifica el acoso como barrera principal, mientras que las políticas explícitas elevan la permanencia del 45% al 78%; (2) trabajo: el desempleo en profesionales trans alcanza el 40% frente al 15% en pares cisgénero; (3) salud: el acceso a atención médica afirmativa aumenta la probabilidad de graduación en un 30%. La literatura especializada distingue tres tipos de obstáculos: los institucionales, basados en prejuicios individuales y culturales; los laborales, que generan tensión entre bienestar subjetivo y empleabilidad; y los sanitarios, derivados del acceso limitado a servicios de salud afirmativa. Se concluye que el sentido de pertenencia es el predictor más consistente de persistencia académica y que las políticas institucionales actúan como factores protectores que mitigan el impacto del acoso. Se identifica una brecha significativa en la producción académica sobre este tema en América Latina.
estudiantes
trans, educación superior, permanencia, graduación, profesionalización,
revisión sistemática.
Abstract
Transgender
individuals face structural and symbolic barriers in higher education that
limit their retention, graduation, and professionalization. This article
addresses the question: what obstacles has the research community identified
over the last decade (2015–2025) regarding the retention, graduation, and
professionalization of transgender students in higher education? Through a
systematic review with a qualitative documentary approach and the PRISMA 2020
protocol, the databases Scopus, Web of Science, SciELO,
Redalyc, Dialnet, and
Google Scholar were consulted. After applying inclusion and exclusion criteria,
a sample of 41 empirical studies in Spanish, English, and Portuguese was
obtained. Results were organized into three categories: (1) education: 85% of
studies identify harassment as the primary barrier, while explicit policies
increase retention from 45% to 78%; (2) work: unemployment among transgender
professionals reaches 40% compared to 15% among cisgender peers; (3) health:
access to affirmative healthcare increases the probability of graduation by
30%. The specialized literature distinguishes three types of obstacles:
institutional ones, based on individual and cultural prejudices; labor-related
ones, which generate tension between subjective well-being and employability;
and health-related ones, derived from limited access to affirmative healthcare.
It is concluded that sense of belonging is the most consistent predictor of
academic persistence and that institutional policies act as protective factors
that mitigate the impact of harassment. A significant gap in academic
production on this topic in Latin America is identified.
transgender
students, higher education, retention, graduation, professionalization, systematic review.
Recepción: 15 de abril de 2026
Aceptación: 10 de julio de 2026
La inclusión de personas trans en la educación superior ha emergido como
un campo de investigación relevante en las últimas dos décadas. Beemyn (2003) documentó las necesidades específicas de esta
población en campus universitarios estadounidenses, incluyendo alojamiento
inclusivo, uso de nombre social y formación docente en diversidad de género.
Investigaciones posteriores del mismo autor revelaron que aproximadamente el
74% de los estudiantes trans reportaban sentirse inseguros o incómodos en sus
propios campus debido a su expresión de género, y casi el 50% había
experimentado acoso verbal. Por su parte, Beemyn et
al. (2005) ampliaron estos hallazgos al identificar la ausencia de políticas
institucionales específicas como un factor que contribuía a tasas de deserción
no cuantificadas.
En América Latina, la producción académica sobre esta temática es más
reciente y menos abundante. Brasil ha liderado la región con estudios sobre
acceso y permanencia de travestis y transexuales en universidades federales
(Jesús, 2015). En México, la Red de Investigación sobre Diversidad Sexual
(2020) reportó que solo el 5% de las personas trans logra finalizar la
educación universitaria. Argentina, tras la promulgación de la Ley de Identidad
de Género (2012), implementó políticas de inclusión en universidades públicas,
aunque su evaluación empírica sigue siendo limitada. En Colombia, la
investigación es incipiente, con exploraciones en la Universidad Distrital
(García & Martínez, 2019) y la Universidad Nacional (López, 2021), así como
informes de organizaciones de la sociedad civil (Colombia Diversa, 2021). Hasta
donde se ha podido identificar en las bases de datos consultadas, no existe una
revisión sistemática con método PRISMA que aborde específicamente la
permanencia y profesionalización de estudiantes trans en educación superior en
la región.
El marco teórico predominante en la literatura revisada es la teoría del
sentido de pertenencia (sense of
belonging), la cual enfatiza cómo la percepción
subjetiva de ser valorado e incluido en el entorno educativo predice la
persistencia académica (Strayhorn, 2019). No obstante, este enfoque presenta
limitaciones para explicar cómo factores como el racismo, el clasismo y el
capacitismo se articulan con la identidad de género (Nicolazzo, 2017). El
modelo de estrés de minorías (Meyer, 2003) complementa este marco al explicar
los mecanismos psicológicos que vinculan discriminación y deserción.
La pertinencia de esta revisión radica en su capacidad para sintetizar
evidencia que oriente políticas institucionales. Su contribución consiste en
aplicar el protocolo PRISMA a una temática emergente, enfocándose
exclusivamente en la población trans y en la articulación entre educación,
trabajo y salud. Las investigaciones suelen tratar a las personas trans como
una subcategoría dentro de los estudios LGB, invisibilizando sus necesidades
específicas y expectativas laborales (Lange et al., 2019). Además, la mayoría
de las aproximaciones provienen de países anglosajones, con realidades
institucionales distintas a las de América Latina. En los últimos cinco años,
al menos doce universidades colombianas han creado protocolos de atención para
personas trans, pero con evaluación empírica limitada (Ministerio de Educación
Nacional, 2022), lo que justifica la realización de esta revisión.
El objetivo de este artículo es documentar los obstáculos para la
permanencia, graduación y profesionalización de estudiantes trans en educación
superior durante el período 2015-2025, respondiendo a la pregunta: ¿qué
obstáculos ha identificado la comunidad investigativa sobre esta temática en la
última década?
Este estudio se inscribe en un enfoque cualitativo documental, mediante
una revisión sistemática de la literatura. Esta se entiende como una estrategia
de investigación secundaria que sigue una estructura explícita, reproducible y
transparente para localizar, evaluar y sintetizar la evidencia disponible
respecto a una pregunta concreta (Moher et al., 2009). Se empleó el protocolo
PRISMA (Preferred Reporting
Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses), el cual consta de una lista de verificación
de 27 ítems y un flujograma de cuatro fases (identificación, cribado,
elegibilidad e inclusión).
Para la búsqueda de información se revisaron bases de datos
multidisciplinarias: Scopus, Web of
Science, SciELO, Redalyc, Dialnet y Google Scholar.
La ecuación de búsqueda se construyó con operadores booleanos combinando
términos relacionados con la población trans ("transgender
students" OR "trans students"
OR "estudiantes trans" OR "travestis" OR
"transexuales"), el contexto educativo ("higher
education" OR "educación superior" OR
"universidad") y los conceptos de interés ("persistence"
OR "permanence" OR "retention" OR "graduation"
OR "professionalization"). La búsqueda se
limitó a publicaciones entre 2015 y 2025 en español, inglés y portugués.
Los criterios de inclusión fueron: (a) estudios empíricos (cualitativos,
cuantitativos o mixtos), (b) población principal compuesta por estudiantes
trans de educación superior, (c) datos sobre permanencia, graduación, trabajo o
salud, y (d) publicados en revistas indexadas o libros académicos. Los
criterios de exclusión abarcaron: (a) estudios centrados exclusivamente en
población LGB sin desagregación de datos trans, (b) artículos de opinión o
reflexión teórica sin datos empíricos, (c) estudios enfocados en educación
secundaria, y (d) tesis no publicadas, editoriales y resúmenes de congresos sin
texto completo. La calidad metodológica de los estudios incluidos se evaluó
mediante la herramienta QATSDD (Qualitative Assessment Tool for Studies with Diverse Designs) adaptada para revisiones cualitativas (Sirriyeh et al., 2012), con puntajes que oscilaron entre 18
y 32 sobre 42, indicando calidad moderada-alta.
El proceso de filtrado se realizó en dos fases: lectura de títulos y
resúmenes (eliminando duplicados), seguida de lectura de texto completo. El
análisis del material se llevó a cabo mediante identificación de palabras clave
y construcción de una matriz de datos que destacaba tipo de fuente, contenido,
metodología y conclusiones. Dada la naturaleza cualitativa de los datos
extraídos, se optó por un enfoque comparativo que consistió en un análisis
cruzado de los estudios para comprender la recurrencia de las categorías
detectadas.
Figura 1. Flujograma PRISMA del proceso de selección de estudios.

Nota. Elaboración
propia a partir del protocolo PRISMA. Fuente: Moher et al. (2009).
Los resultados se organizan en tres categorías temáticas derivadas de la
recurrencia en los 41 estudios incluidos.
Esta categoría agrupa los estudios que analizan las condiciones de
acceso y permanencia de estudiantes trans en instituciones de educación
superior. El 85% de las investigaciones (35 de 41 estudios) coinciden en que la
principal barrera para la permanencia es el acoso y la discriminación por parte
de pares y, en menor medida, de docentes (Atteberry et al., 2024; Garvey &
Rankin, 2015; Goldberg et al., 2019). Estos autores atribuyen esta situación a
imaginarios sociales que asocian a las personas trans con problemas mentales,
libertinaje y pobre desarrollo de la personalidad.
Un segundo grupo de investigadores (Lange et al., 2019; López, 2021;
Nicolazzo, 2017) enfatiza el componente cultural. Según estos autores, las
barreras para la permanencia no dependen exclusivamente del acoso y la
discriminación, sino de una cultura institucional que tiende a rechazar lo
desconocido o poco común. Por ello, reconocen que la permanencia requiere
transformaciones culturales que permitan aceptar las diferencias.
Un tercer grupo de investigadores (Seelman, 2019; Strayhorn, 2019) se
centra en las estrategias de permanencia. Entre los factores facilitadores
identifican el uso del nombre social en registros académicos, la existencia de
baños inclusivos y la formación docente en diversidad de género. Los mismos
autores demuestran que cuando las universidades implementan políticas
explícitas de apoyo trans, la tasa de permanencia al tercer año aumenta del 45%
al 78%, mientras que las universidades sin dichas políticas reportan una
deserción del 60% en el primer año. Estos hallazgos se basan en diseños
longitudinales y muestras superiores a 200 participantes. También identifican
que las estrategias de resiliencia individual operan como factores protectores,
aunque su efecto es menor en comparación con las políticas institucionales.
Esta categoría reúne las investigaciones que abordan la inserción
laboral de profesionales trans. Badgett et al. (2024) señalan que las tasas de
desempleo en profesionales trans rondan el 40% al momento de obtener el título,
frente al 15% de sus pares cisgénero. Aquellos que participan en programas de
pasantías inclusivas o cuentan con redes de apoyo profesional mejoran sus tasas
de empleo al 65% a los dos años de graduados.
Los mismos autores destacan que la discriminación laboral se reduce
cuando el título profesional corresponde a áreas altamente demandadas (salud,
tecnología, educación). También identifican una paradoja: llevar a cabo la
transición de género implica un aumento drástico de la satisfacción vital y
laboral auto-percibida, pero esta ganancia interna
entra en conflicto con los prejuicios sociales que limitan el ingreso real al
mercado de trabajo, generando una tensión entre bienestar subjetivo y
empleabilidad.
Esta categoría agrupa investigaciones relacionadas con la salud de los
estudiantes trans. Lefevor et al. (2019) reportan que
el estado físico y mental de las personas trans se deteriora por el rechazo, la
discriminación y la violencia de pares y docentes, lo que en ciertos casos se
asocia con patologías mentales y con intentos de suicidio.
Los mismos autores, al medir las disparidades en salud entre población
trans y cisgénero, proponen rutas de atención como acompañamiento psicosocial,
terapias en grupo y terapia familiar. Los estudios indican que el
acompañamiento psicosocial es particularmente efectivo en estudiantes trans
víctimas de maltrato. Lefevor et al. (2019) y
Colombia Diversa (2021) confirman que el acceso a atención médica afirmativa,
incluyendo hormonización, apoyo psicológico y
acompañamiento en transición, se correlaciona con un aumento del 30% en la
probabilidad de graduación.
De igual manera, documentan que los espectadores heterosexuales
cisgénero en el campus a menudo no intervienen ante episodios de discriminación
por falta de formación y escasa empatía, lo que perpetúa un clima de impunidad
que impacta la salud mental. Los mencionados investigadores también destacan
que el estrés de minorías (minority stress) afecta la
salud mental de estudiantes trans. Los estudios revisados sugieren que las
instituciones de educación superior no pueden garantizar la permanencia
académica si ignoran la salud integral de sus estudiantes trans, dado que ambos
fenómenos se encuentran correlacionados.
Los hallazgos de esta revisión coinciden parcialmente con los de Rankin
et al. (2023), quienes en un estudio longitudinal con 1,200 estudiantes trans
en Estados Unidos encontraron que el acoso verbal predice deserción incluso
cuando existen políticas institucionales. Sin embargo, nuestra revisión sugiere
que las políticas institucionales mitigan este efecto en contextos
latinoamericanos, lo que contradice parcialmente sus resultados. Esta
divergencia podría explicarse por diferencias en la implementación de
políticas: mientras en Estados Unidos tienden a ser principalmente
declarativas, en contextos latinoamericanos, según documentan López (2021) y
García y Martínez (2019), son más procedimentales y con mayor participación de
la comunidad trans en su diseño.
Los hallazgos sobre empleabilidad son consistentes con el meta-análisis
de James et al. (2024), quienes reportaron que el desempleo trans es 2.5 veces
mayor que el de pares cis. Nuestra revisión añade un matiz regional: en América
Latina, la brecha se amplía debido a la precariedad estructural del mercado
laboral, un factor que los estudios anglosajones tienden a subestimar. En
cuanto a las divergencias, se identifica una evolución en los patrones de
discriminación reportados en la literatura. Mientras los estudios de la década
de 2010 documentaban predominantemente discriminación abierta (Garvey &
Rankin, 2015), las investigaciones posteriores a 2020 reportan con mayor
frecuencia microagresiones cotidianas, como uso incorrecto de pronombres,
exclusión en trabajos grupales y comentarios microinvalidantes,
que, aunque menos visibles, se correlacionan con deterioro del sentido de
pertenencia (Goldberg et al., 2023; Rankin et al., 2023). Este hallazgo es
consistente con el modelo de estrés de minorías (Meyer, 2003), que predice que
las formas sutiles de discriminación pueden ser psicológicamente más dañinas
que los episodios abiertos debido a su naturaleza crónica e impredecible. Por
su parte, Goldberg et al. (2023), en un estudio cualitativo con 45 estudiantes
trans en programas de posgrado, documentan que las microagresiones en
entornos de investigación son particularmente dañinas, un hallazgo que no emerge
en nuestra revisión debido a la escasez de estudios sobre educación
de posgrado en Latinoamérica.
Un hallazgo que requiere análisis es la coexistencia de alta incidencia
de acoso (85% de los estudios) con aumento significativo de permanencia cuando
existen políticas explícitas (45% a 78%). La literatura internacional ha
abordado esta aparente contradicción desde al menos tres perspectivas.
Primero, Meyer (2003) y otros teóricos del estrés de minorías sugieren
que las políticas institucionales reducen el estrés anticipatorio, la
preocupación constante por posibles episodios de discriminación, incluso cuando
los episodios mismos persisten. Seelman (2019) encuentra apoyo a esta hipótesis
al documentar que estudiantes trans en campus con políticas inclusivas reportan
menor ansiedad social, independientemente de experiencias de acoso.
Segundo, la hipótesis del "colchón institucional" propuesta
por Nicolazzo (2017) plantea que las políticas permiten a los estudiantes
atribuir episodios de discriminación a la ignorancia individual más que al
rechazo sistémico, preservando así el sentido de pertenencia. Sin embargo, esta
explicación ha sido cuestionada por Rankin et al. (2023), quienes encontraron
que en contextos estadounidenses el acoso sigue prediciendo deserción incluso
con políticas, lo que sugiere que el efecto protector puede ser más limitado de
lo que sugieren los hallazgos de esta revisión.
Tercero, una perspectiva complementaria, aunque menos desarrollada en la
literatura, sugiere que el efecto de las políticas no es lineal, sino que
depende de factores contextuales como el tiempo de implementación, la
capacitación del personal y el compromiso de las autoridades universitarias.
Esta hipótesis, planteada por Seelman (2019) y reforzada por los hallazgos
latinoamericanos de López (2021) y García y Martínez (2019), podría explicar
por qué las políticas parecen tener mayor efecto en contextos donde han sido
diseñadas con participación activa de la comunidad trans.
Las implicaciones teóricas cuestionan la aplicabilidad directa de los
modelos tradicionales de retención (Tinto, 1975) a la población trans.
Estos modelos enfatizan la integración académica y social como factores
universales de retención. Sin embargo, para estudiantes trans la integración no
es suficiente si no va acompañada de validación identitaria. Un estudiante
trans puede estar académica y socialmente integrado, pero si experimenta
microagresiones o invisibilización de su identidad,
el sentido de pertenencia se deteriora y aumenta el riesgo de deserción. Esta
diferencia sugiere que los modelos tradicionales requieren una adaptación
sustancial para explicar la persistencia en poblaciones minorizadas.
La interseccionalidad aplicada a la educación superior reconoce que el
género se relaciona con otras variables (clase social, etnicidad, ubicación
geográfica) que configuran un tejido de opresiones (Nicolazzo, 2017). Pensar la
permanencia no como una decisión individual implica abrir un espacio de
reflexión sobre otras variables que perpetúan la exclusión. En este sentido,
los hallazgos de esta revisión sugieren que el sentido de pertenencia opera
como un mecanismo mediador entre las condiciones institucionales y la decisión
de persistir, lo que amplía los modelos tradicionales al incorporar la
dimensión identitaria como un factor diferenciador.
Estos hallazgos deben interpretarse considerando las limitaciones de los
estudios incluidos. El sesgo geográfico es significativo: el 72% de los
estudios (n=30) provienen de Estados Unidos, Canadá o Reino Unido, mientras que
solo el 15% (n=6) corresponden a América Latina. Esto limita la
transferibilidad de los hallazgos a contextos con marcos normativos, culturales
y económicos distintos (Nicolazzo, 2017). Adicionalmente, el 68% de los
estudios (n=28) utilizan diseños transversales, lo que impide establecer
relaciones causales entre políticas de inclusión y permanencia. Asimismo, el
sesgo de publicación, mayor probabilidad de que estudios con hallazgos
significativos sean publicados, podría sobreestimar la efectividad de las
políticas institucionales reportada en la literatura. Finalmente, la exclusión
de tesis y literatura gris, si bien fue un criterio de selección adoptado para
garantizar la calidad de las fuentes, podría haber omitido evidencia relevante
producida en América Latina, donde gran parte de la producción académica
inicial se encuentra en este formato.
Las consecuencias prácticas sugieren la necesidad de desarrollar un
modelo de persistencia específico para estudiantes trans que integre tres
dimensiones interrelacionadas: validación identitaria (educación),
empleabilidad diferencial (trabajo) y acceso a salud afirmativa (salud). Las
instituciones de educación superior deberían considerar que las políticas de
permanencia no pueden limitarse a la dimensión académica, sino que deben
abordar de manera integral las barreras estructurales que enfrentan los
estudiantes trans. En particular, la implementación de políticas con
participación activa de la comunidad trans, como sugieren los hallazgos de
López (2021) y García y Martínez (2019), parece ser un factor clave para su
efectividad.
Futuras investigaciones deberían profundizar en modelos comprensivos
donde el sentido de pertenencia sea reconocido como el núcleo articulador entre
el bienestar emocional y las políticas de validación identitaria, permitiendo
estudios longitudinales que sigan cohortes de estudiantes trans desde el
ingreso hasta la graduación. Asimismo, se requiere la producción de estudios
primarios en Colombia y América Latina que permitan comprender las
especificidades de la región y diseñar intervenciones contextualizadas.
Esta revisión sistemática identifica tres tipos de obstáculos para la
permanencia, graduación y profesionalización de estudiantes trans en educación
superior: (1) barreras institucionales basadas en prejuicios individuales y
cultura organizacional rígida; (2) barreras laborales que generan tensión entre
bienestar subjetivo y empleabilidad; y (3) barreras sanitarias derivadas del
acceso limitado a servicios de salud afirmativa. De estas apreciaciones se
desprenden cinco hallazgos clave.
En primer lugar, el sentido de pertenencia es el predictor más
consistentemente identificado en la literatura revisada (35 de 41 estudios) de
la continuidad académica y la graduación de estudiantes trans. Cuando los
estudiantes trans perciben que su identidad es validada por pares, docentes y
administrativos, las tasas de persistencia aumentan significativamente. Esta
percepción subjetiva de ser valorado e incluido opera como un mecanismo
psicológico y social que media entre las condiciones institucionales y la
decisión de continuar o abandonar la carrera (Strayhorn, 2019). La relevancia
de este hallazgo radica en que sitúa la dimensión relacional y simbólica en el
centro de las políticas de permanencia, superando enfoques exclusivamente
académicos o económicos.
En segundo lugar, las respuestas emocionales y psicológicas a nivel
individual se correlacionan con las dinámicas de exclusión en el entorno. Los
estudios revisados indican que no es una falta de motivación personal lo que
lleva a la deserción, sino cómo la ausencia de políticas institucionales
concretas impacta negativamente la salud mental y la subjetividad del
estudiante (Lefevor et al., 2019). Este hallazgo
cuestiona narrativas que responsabilizan individualmente a los estudiantes
trans por su fracaso académico, y en cambio, señala la responsabilidad
institucional en la creación de entornos seguros y afirmativos.
En tercer lugar, la empleabilidad posgraduación continúa siendo un
desafío para las personas trans, incluso después del título universitario. Los
hallazgos indican que la discriminación laboral persiste más allá del logro
educativo, pues ostentar un diploma no elimina el sesgo en los procesos de
selección (Badgett et al., 2024). Esto sugiere que las políticas de inclusión
en educación superior deben extenderse más allá del campus, articulándose con
estrategias de inserción laboral que involucren al sector productivo y a las
agencias de empleo.
En cuarto lugar, los estudios revisados indican que la salud, tanto
mental como física, debe ser considerada un componente central de las políticas
de permanencia. La falta de acceso a servicios de salud se correlaciona con un
menor rendimiento académico y un mayor riesgo de deserción (Colombia Diversa,
2021; Lefevor et al., 2019). Este hallazgo implica
que las instituciones de educación superior no pueden desentenderse de la salud
integral de sus estudiantes trans, y que las alianzas con sistemas de salud
locales son una estrategia clave para garantizar trayectorias educativas
exitosas.
Finalmente, esta revisión identifica una brecha significativa en la
producción académica sobre esta temática en América Latina. El 72% de la
evidencia disponible proviene de países de altos ingresos, predominantemente
Estados Unidos, Reino Unido y Canadá. Las realidades institucionales,
normativas y culturales de América Latina y Colombia presentan especificidades
que no pueden ser abordadas exclusivamente con hallazgos del Norte global, lo
que exige estudios locales y regionales que permitan una comprensión
contextualizada de la permanencia, graduación y profesionalización de
estudiantes trans en educación superior.
En conjunto, estos hallazgos subrayan la necesidad de abordar la
permanencia de estudiantes trans desde un enfoque multidimensional e
interseccional, que reconozca la interrelación entre educación, trabajo y
salud, y que sitúe el sentido de pertenencia como eje articulador de las
políticas institucionales. La evidencia revisada sugiere que las políticas más
efectivas son aquellas diseñadas con participación activa de la comunidad
trans, implementadas con recursos suficientes y evaluadas sistemáticamente para
ajustar su impacto. Queda como desafío pendiente para la región latinoamericana
la producción de conocimiento situado que permita diseñar intervenciones
pertinentes a sus contextos específicos, así como el desarrollo de estudios
longitudinales que sigan cohortes de estudiantes trans desde el ingreso hasta
la graduación y su posterior inserción laboral.
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